¡Hola a todos, amantes del planeta y la innovación! Si hay algo que he aprendido en mi trayectoria profesional es que el mundo de la ingeniería ambiental es mucho más que libros y teorías; es pura acción, desafíos constantes y la increíble satisfacción de saber que tu trabajo impacta directamente en el bienestar de todos.
Recuerdo cuando empecé, creyendo que lo sabía todo después de años de estudio. ¡Qué equivocado estaba! La realidad de una planta de tratamiento de aguas, la gestión de residuos en una ciudad vibrante o el diseño de proyectos de energía solar en vastas extensiones te golpea con la necesidad de soluciones prácticas e ingenio.
Hoy en día, con el cambio climático pisándonos los talones y la urgencia de transitar hacia una economía más circular, nuestra profesión se vuelve no solo vital, sino apasionante y en constante evolución.
Se trata de enfrentar la escasez hídrica que tanto afecta a nuestras comunidades, de idear cómo reducir nuestra huella de carbono o de implementar esas tecnologías verdes que antes parecían de ciencia ficción.
Es un campo donde cada día trae una oportunidad nueva para marcar la diferencia. Te prometo que la experiencia de campo te enseña lecciones que ninguna aula puede.
Si te intriga cómo se aterriza todo esto en el día a día, y quieres saber esos trucos que solo la práctica te da, te aseguro que estás en el lugar correcto.
A continuación, vamos a descubrir juntos los secretos de la experiencia práctica en ingeniería ambiental.
La Realidad en el Campo: Más Allá de los Libros

¡Ay, amigos! Si creéis que la ingeniería ambiental es solo sentarse en una oficina con planos y ecuaciones, os tengo que decir que la realidad es mucho más “tangible” y, a veces, un poco “sucia”, ¡en el buen sentido! Recuerdo mis primeros días, recién salida de la universidad, sintiendo que devoraría el mundo con mi flamante título. Pero la verdad es que la teoría, por muy sólida que sea, a menudo se encuentra con la cruda realidad del terreno. Ver una planta de tratamiento de aguas residuales en pleno funcionamiento, con sus olores característicos y sus bombas rugiendo, te aterriza de golpe. No es lo mismo leer sobre la remoción de nutrientes que ver cómo se forma el lodo activado, o entender la compleja dinámica de los microorganismos que trabajan incansablemente para depurar el agua que luego volverá a nuestros ríos. Es ahí donde realmente comprendes la magnitud de lo que hacemos, donde cada tornillo, cada tubería, cada protocolo tiene una razón de ser vital. La experiencia en campo me enseñó que la paciencia y la observación son tan importantes como cualquier cálculo de balance de masas. Y, sinceramente, no hay nada como solucionar un problema en el sitio, con tus propias manos (y equipo de protección, por supuesto), para sentirte un verdadero ingeniero.
Aprendiendo en el Fango: La Gestión de Aguas Residuales
Mi primera inmersión profunda fue en el mundo de las aguas residuales. Es un sector fascinante y crucial. He pasado horas observando los distintos procesos: desde el pretratamiento con sus rejillas que retienen los sólidos más grandes, hasta los reactores biológicos donde la vida microbiana hace su magia. Lo que más me impactó fue darme cuenta de que cada planta es un ecosistema único, con sus propias peculiaridades y desafíos. Una vez, nos encontramos con un problema de espumación excesiva que desestabilizaba todo el sistema. ¡Fue una odisea! Investigamos desde la composición del agua de entrada hasta la población bacteriana, ajustando parámetros como el oxígeno disuelto y la recirculación de lodos. Al final, descubrimos que un cambio en los vertidos industriales cercanos estaba afectando la actividad biológica. Es en esos momentos de “detective” ambiental cuando la experiencia te dice por dónde empezar a buscar y cómo interpretar las señales que te da el proceso.
Los Desafíos de la Energía Renovable en el Terreno
Luego me aventuré en proyectos de energía renovable, y la perspectiva fue completamente diferente, pero igual de desafiante. No es lo mismo diseñar un parque solar en papel que asegurar que su implementación minimice el impacto en la biodiversidad local o que optimice la conexión a la red eléctrica existente. Recuerdo un proyecto en una zona remota de España, donde el acceso era complicado y las condiciones climáticas extremas. Tuvimos que lidiar con la logística de transportar paneles gigantes, con la preparación del terreno en una orografía compleja y con la interacción con las comunidades locales, asegurando que el proyecto fuera beneficioso para todos. Ver cómo se levantan esas estructuras imponentes y saber que están produciendo energía limpia es una recompensa enorme. Pero el camino está lleno de negociaciones con propietarios de tierras, permisos ambientales que parecen interminables y la coordinación de equipos multidisciplinares.
Herramientas y Tecnologías que Realmente Importan
En este mundo de la ingeniería ambiental, la tecnología avanza a pasos agigantados y, sinceramente, es como tener superpoderes. Las herramientas que utilizamos hoy en día nos permiten hacer cosas que hace apenas una década eran impensables. No estoy hablando solo de programas de cálculo sofisticados, sino de gadgets y sistemas que nos ponen los datos en bandeja, casi en tiempo real. He tenido la oportunidad de trabajar con equipos que literalmente transforman la forma en que monitorizamos y gestionamos nuestros recursos naturales. Desde sensores minúsculos que miden la calidad del aire o del agua en lugares inaccesibles, hasta drones que nos dan una perspectiva aérea de grandes extensiones de terreno para evaluar el impacto ambiental o el progreso de un proyecto. La clave no es solo tener la herramienta más cara o la más nueva, sino saber cuál usar y cómo interpretar la avalancha de datos que genera. Recuerdo haber estado en un proyecto de reforestación en Chile, donde el uso de drones con cámaras multiespectrales nos permitió mapear la salud de las plantas y detectar zonas con estrés hídrico de una manera que a pie nos hubiera tomado meses.
De los Sensores IoT a los Drones: Monitorización Avanzada
La integración de Internet de las Cosas (IoT) en la monitorización ambiental ha sido un cambio de juego total. Antes, tomábamos muestras manualmente y esperábamos los resultados de laboratorio. Ahora, podemos tener una red de sensores enviando datos continuos sobre pH, conductividad, turbidez o niveles de contaminantes a una plataforma central. Esto nos permite detectar anomalías al instante y actuar proactivamente. Una vez, en un monitoreo de un río en Colombia, los sensores nos alertaron de un pico inusual de amoníaco. Gracias a esa información en tiempo real, pudimos movilizar al equipo, identificar la fuente de la contaminación (una descarga ilegal de una pequeña industria) y detenerla antes de que causara un daño mayor al ecosistema acuático. Y qué decir de los drones. No solo son fantásticos para la topografía y el seguimiento de obras, sino que con las cámaras adecuadas, nos dan información crucial sobre la vegetación, la extensión de un vertido o incluso la presencia de especies animales, todo ello con una eficiencia y seguridad que antes no existía. ¡Es como tener ojos en el cielo!
Software Especializado: Un Aliado Indispensable
Pero de nada sirve tener miles de datos si no sabes cómo procesarlos y analizarlos. Ahí es donde entra en juego el software especializado. Desde sistemas de información geográfica (SIG) como ArcGIS o QGIS, que nos permiten crear mapas temáticos impresionantes y realizar análisis espaciales complejos, hasta programas de modelado de dispersión de contaminantes atmosféricos o hidráulicos. Recuerdo un proyecto en México donde estábamos evaluando el impacto de una nueva instalación industrial. Usando un software de modelado de calidad del aire, pudimos simular diferentes escenarios de emisiones y predecir la pluma de contaminación bajo diversas condiciones meteorológicas. Esto nos permitió proponer medidas de mitigación específicas y, lo más importante, presentarlas de forma clara y visual a las autoridades y a la comunidad. Estos programas no solo nos ahorran tiempo, sino que elevan la calidad de nuestros análisis y nos permiten tomar decisiones mucho más fundamentadas.
La Comunicación lo Es Todo: Equipos y Comunidades
Si hay algo que he aprendido en mis años de trinchera ambiental es que, por muy brillante que seas con las fórmulas y los diseños, si no sabes comunicarte, estás perdido. La ingeniería ambiental no es un trabajo solitario. Es un entramado complejo de interacciones con colegas, autoridades, proveedores y, lo más importante, con las comunidades que se ven afectadas o beneficiadas por nuestros proyectos. Recuerdo una vez que estábamos presentando un estudio de impacto ambiental para una nueva planta de tratamiento en una pequeña localidad de Perú. La gente estaba preocupada por los olores, por el ruido, por si afectaría su forma de vida. Y tenían todo el derecho a estarlo. No bastaba con mostrarles gráficos y datos técnicos; necesitábamos hablar su idioma, entender sus miedos y explicarles de forma sencilla cómo íbamos a mitigar esos impactos. Fue un desafío enorme, pero ver cómo, al final, la gente entendía y se sentía parte del proceso, fue una lección de humildad y de la importancia de la empatía. ¡Y no os cuento las veces que hay que negociar con diferentes departamentos dentro de una misma empresa! Es un arte.
Navegando la Burocracia y las Regulaciones Ambientales
¡Ah, la burocracia! Es un monstruo con mil cabezas, pero un monstruo necesario. Cada país, cada región, tiene sus propias leyes, normativas y procedimientos ambientales. Y conocerlos a fondo es crucial para que un proyecto no se quede estancado en un mar de papeleo. He pasado incontables horas revisando legislaciones, preparando expedientes y asistiendo a reuniones con funcionarios. En España, por ejemplo, el proceso de Evaluación de Impacto Ambiental es riguroso y exige una documentación exhaustiva. En una ocasión, nos retrasamos meses en un proyecto por un detalle en la tramitación de un permiso de vertido que habíamos pasado por alto. Fue una lección dura, pero me enseñó la importancia de ser meticuloso y de tener siempre a mano un buen abogado ambiental. Saber interpretar la ley, anticipar los posibles obstáculos y preparar toda la documentación de forma impecable es una habilidad que se adquiere con la experiencia y que te ahorra muchos dolores de cabeza y, lo que es más importante, mucho dinero.
Empatía y Pedagogía: Involucrando a la Sociedad
Pero más allá de la burocracia, está la gente. Los proyectos ambientales impactan directamente en la vida de las personas. Por eso, involucrar a la sociedad, educar y escuchar sus preocupaciones es fundamental. No podemos llegar con soluciones “prefabricadas” sin entender el contexto local. He participado en talleres comunitarios donde explicábamos los beneficios de una gestión adecuada de residuos o los riesgos de la contaminación del agua. Lo que me ha funcionado es usar ejemplos cotidianos, historias que la gente pueda relacionar con su día a día. Una vez, para explicar la importancia de separar los residuos orgánicos, llevamos un pequeño compostador y les mostramos cómo los restos de comida se convertían en abono para sus propias huertas. La conexión fue instantánea. La ingeniería ambiental es también una labor de pedagogía social, de construir puentes de confianza y de empoderar a las comunidades para que sean parte activa de la solución. ¡Es uno de los aspectos más gratificantes de mi trabajo!
Residuos Cero: De la Teoría a la Práctica Diaria
El concepto de “Residuos Cero” suena idealista, ¿verdad? Como algo que solo existe en los libros de texto o en discursos inspiradores. Pero os aseguro que, en la práctica, es una meta ambiciosa pero cada vez más tangible y necesaria. En mis años de experiencia, he visto cómo pasamos de simplemente “disponer” de los residuos a buscar activamente cómo minimizarlos, reutilizarlos y reciclarlos hasta el punto de que los vertederos se conviertan en una reliquia del pasado. Es un cambio de mentalidad radical que implica a todos, desde los diseñadores de productos hasta los consumidores finales, pasando, por supuesto, por nosotros, los ingenieros ambientales. La economía circular no es una utopía; es una hoja de ruta práctica que estamos construyendo día a día, con cada proyecto de valorización de residuos, cada iniciativa de ecodiseño y cada campaña de concienciación. Es un sector que exige mucha creatividad y una visión a largo plazo, pero la satisfacción de ver cómo algo que antes era “basura” se convierte en un recurso valioso, ¡es indescriptible!
Soluciones Innovadoras para una Economía Circular
La búsqueda de soluciones innovadoras para cerrar el ciclo de los materiales es constante. He trabajado en proyectos fascinantes que buscan transformar residuos que antes eran problemáticos en recursos útiles. Por ejemplo, he visto cómo los lodos de depuradora se utilizan para producir biogás, o cómo los residuos plásticos se convierten en combustible o incluso en nuevos materiales de construcción. Un caso que me marcó fue el de una empresa en Portugal que estaba utilizando residuos de la industria corchera para generar energía y productos de alto valor añadido. No solo reducían su huella ambiental, sino que creaban nuevos puestos de trabajo y generaban ingresos adicionales. El ecodiseño juega un papel fundamental aquí; es decir, pensar en el ciclo de vida completo de un producto desde el momento de su concepción, para que sea fácilmente reparable, reutilizable o reciclable. Esto requiere una colaboración estrecha con diseñadores industriales y equipos de marketing, algo que al principio me costó, pero que ahora considero vital.
El Arte de la Clasificación y el Reciclaje Eficiente

Pero antes de la innovación, está la base: la correcta clasificación y el reciclaje eficiente. Aunque parezca algo básico, lograr que las ciudades separen correctamente sus residuos es un reto colosal. He participado en el diseño y la optimización de centros de tratamiento y clasificación de residuos. Y creedme, es un arte. Se utilizan tecnologías avanzadas como separadores ópticos, corrientes de Foucault y clasificadores balísticos para separar diferentes tipos de plásticos, metales o papel. Una vez, en un centro de reciclaje en Barcelona, estuvimos ajustando los parámetros de un separador óptico para mejorar la pureza del PET reciclado. Pequeños ajustes que parecían insignificantes, pero que al final se traducían en miles de toneladas de material de mayor calidad y, por tanto, más valioso para la industria. La eficiencia en la clasificación no solo reduce la cantidad de residuos que van a vertedero, sino que también aumenta la rentabilidad del proceso de reciclaje, haciendo que la economía circular sea una realidad viable y atractiva.
Preparación para el Futuro: Habilidades Clave
Si hay algo que caracteriza a nuestra profesión de ingenieros ambientales, es que nunca te aburres. El panorama está en constante cambio: nuevas regulaciones, tecnologías emergentes, desafíos climáticos que evolucionan… Por eso, las habilidades que nos hacen realmente valiosos van más allá de los conocimientos técnicos puros. Recuerdo mis inicios, donde pensaba que con saber de termodinámica y química del agua ya lo tenía todo. ¡Qué ingenua! La realidad te golpea con la necesidad de ser un verdadero “solucionador de problemas”, un comunicador eficaz y, sobre todo, alguien que nunca deja de aprender. El campo exige una mezcla de perspicacia técnica, visión estratégica y una dosis saludable de pensamiento crítico. Es como un músculo que hay que entrenar constantemente. Si me preguntáis qué consejo le daría a alguien que está empezando, sin duda sería que cultive estas habilidades “blandas” tanto como las “duras”, porque son las que marcan la diferencia cuando te enfrentas a situaciones inesperadas en el día a día.
Pensamiento Crítico y Resolución de Problemas en Situaciones Reales
El pensamiento crítico es, sin duda, una de las habilidades más valiosas en nuestro campo. No es solo aplicar una fórmula, sino entender por qué esa fórmula es relevante y cómo encaja en el contexto general. Recuerdo un proyecto de remediación de suelos contaminados en Argentina. Los análisis iniciales sugerían una estrategia, pero al profundizar en los datos y considerar factores como la geología local, la hidrología y el uso futuro del terreno, nos dimos cuenta de que la solución “obvia” no era la más efectiva ni la más sostenible a largo plazo. Tuvimos que cuestionar los supuestos iniciales, investigar a fondo y proponer un enfoque completamente diferente que integraba varias tecnologías. Resolver problemas en el mundo real es como un rompecabezas complejo donde cada pieza cuenta y donde no siempre tienes el manual de instrucciones. La capacidad de analizar una situación desde múltiples ángulos, identificar las causas raíz y proponer soluciones creativas es lo que realmente te diferencia.
Adaptabilidad y Aprendizaje Continuo en un Sector Dinámico
Y si algo no falta en ingeniería ambiental, es el cambio. Lo que hoy es vanguardia, mañana puede ser obsoleto. Las regulaciones evolucionan, las tecnologías mejoran y los desafíos ambientales se transforman. Por eso, la adaptabilidad y el compromiso con el aprendizaje continuo son esenciales. He visto cómo colegas que se resistían a aprender nuevas herramientas o a entender los nuevos marcos legislativos se quedaban atrás. Yo misma me he tenido que “reinventar” varias veces, aprendiendo sobre nuevos softwares, técnicas de monitoreo o enfoques de gestión ambiental. Por ejemplo, la irrupción de la inteligencia artificial y el big data en nuestro campo está abriendo un sinfín de posibilidades, y si no estamos dispuestos a explorar y experimentar con estas nuevas herramientas, perderemos oportunidades valiosas. Asistir a conferencias, leer publicaciones científicas, hacer cursos de actualización y, sobre todo, estar abierto a nuevas ideas y perspectivas, son prácticas que llevo a rajatabla. ¡Es la única forma de mantenerse relevante y eficaz!
Un Vistazo a la Rentabilidad y el Impacto Social
Mucha gente piensa que la ingeniería ambiental es solo “gastar dinero” o “poner trabas” al desarrollo. ¡Nada más lejos de la realidad! Es cierto que la inversión inicial en tecnologías limpias o en proyectos de mitigación puede ser significativa, pero si miramos el panorama completo, la ingeniería ambiental es una fuente increíble de innovación, empleo y, sí, también de rentabilidad económica a largo plazo. Además, el valor social y ético de nuestro trabajo es incalculable. Ver cómo un río vuelve a la vida después de años de contaminación, cómo una comunidad tiene acceso a agua potable segura o cómo una empresa reduce drásticamente su huella de carbono, es una satisfacción que va más allá de cualquier cifra en un balance. Es una profesión que te permite dejar una huella positiva en el planeta y en la vida de las personas. Y, por si fuera poco, el sector verde está en plena expansión, ofreciendo un sinfín de oportunidades para quienes quieran unirse a esta aventura.
Financiación de Proyectos Verdes: ¿Dónde Buscar?
La financiación es, a menudo, el gran cuello de botella para muchos proyectos ambientales. Pero he aprendido que hay un mundo de posibilidades si sabes dónde buscar. Más allá de los fondos públicos tradicionales, existen inversores de impacto, bancos verdes, fondos de capital de riesgo enfocados en sostenibilidad y un creciente interés por la financiación de proyectos que generen un retorno social y ambiental, además del económico. Recuerdo haber trabajado en un proyecto de gestión de residuos en una pequeña isla del Caribe, donde logramos la financiación a través de una combinación de fondos de desarrollo internacional y un crédito de carbono. Fue un proceso complejo, de muchas idas y venidas con propuestas y reuniones, pero al final, se pudo materializar. También hay programas de la Unión Europea, del Banco Mundial o del Banco Interamericano de Desarrollo que son vitales para proyectos a gran escala. La clave está en preparar un buen plan de negocio que demuestre no solo la viabilidad técnica y ambiental, sino también el retorno económico y social del proyecto.
El Valor Incalculable de un Trabajo con Propósito
Pero al final del día, más allá de la rentabilidad económica, lo que realmente impulsa a muchos de nosotros en este campo es el propósito. Saber que tu trabajo contribuye a un futuro más sostenible, que estás protegiendo la salud de las personas o que estás ayudando a preservar la biodiversidad, es una fuente de motivación inagotable. Recuerdo una vez, en un monitoreo de calidad del aire en una ciudad con altos índices de contaminación, una madre se acercó para agradecernos el trabajo, porque sentía que estábamos luchando por un aire más limpio para sus hijos. Esas pequeñas interacciones te recuerdan por qué haces lo que haces. La ingeniería ambiental es una profesión que te permite combinar tu pasión por la ciencia y la tecnología con un profundo compromiso social y ético. Es un trabajo que, aunque a veces desafiante y exigente, te llena de una satisfacción que pocas otras profesiones pueden ofrecer. No hay precio para la tranquilidad de saber que estás dejando el mundo un poquito mejor de lo que lo encontraste.
| Habilidad Clave | Descripción Práctica | Impacto en el Campo |
|---|---|---|
| Pensamiento Crítico | Analizar situaciones complejas, cuestionar supuestos y encontrar soluciones creativas. | Permite abordar problemas únicos y optimizar estrategias, ahorrando recursos y tiempo. |
| Comunicación Efectiva | Transmitir ideas técnicas a públicos diversos (colegas, autoridades, comunidades). | Facilita la obtención de permisos, la colaboración interdepartamental y la aceptación social de proyectos. |
| Adaptabilidad y Aprendizaje | Estar al día con nuevas tecnologías, regulaciones y desafíos ambientales. | Mantiene al profesional relevante, asegura la aplicación de las mejores prácticas y fomenta la innovación. |
| Gestión de Proyectos | Planificar, ejecutar y supervisar proyectos, gestionando recursos y plazos. | Garantiza que los proyectos se entreguen a tiempo y dentro del presupuesto, cumpliendo objetivos. |
| Conocimiento Legal/Normativo | Entender y aplicar las leyes y normativas ambientales locales e internacionales. | Evita sanciones legales, asegura el cumplimiento y facilita la aprobación de proyectos. |
Para finalizar
¡Uf, qué viaje hemos hecho hoy a través del emocionante y a veces desafiante mundo de la ingeniería ambiental! Sinceramente, es un campo que te atrapa desde el primer día. Lo que más me apasiona es esa constante sensación de estar en la vanguardia, no solo de la ciencia y la tecnología, sino también de la ética y la responsabilidad social. Recuerdo cuando empecé, pensando que todo era cuestión de números y normativas. ¡Qué equivocada estaba! La verdad es que es una profesión donde cada día es una oportunidad para aprender algo nuevo, para conectar con la gente y, sobre todo, para contribuir a un futuro un poquito mejor para todos. Si hay algo que he sacado en claro de todos estos años, es que la pasión, la curiosidad y una buena dosis de humildad son las herramientas más poderosas que podemos tener en nuestra caja de trabajo. El impacto que generamos va mucho más allá de un informe o un proyecto; se siente en el aire que respiramos, en el agua que bebemos y en la sonrisa de una comunidad que confía en nuestro trabajo. ¡Es simplemente impagable!
Información útil que deberías saber
1. La paciencia es tu mejor aliada: Los proyectos ambientales suelen ser largos y complejos, con muchas fases de aprobación. ¡No te desesperes! Cada paso, por pequeño que parezca, te acerca a la meta final.
2. Networking, networking, networking: Conoce a otros profesionales del sector. Asiste a conferencias, talleres, y no dudes en contactar a personas en LinkedIn. Las oportunidades surgen de las conexiones inesperadas.
3. Domina al menos un SIG (Sistema de Información Geográfica): Herramientas como QGIS o ArcGIS son indispensables. Te permitirán visualizar datos complejos de forma sencilla y tomar decisiones más informadas en tus proyectos.
4. Aprende a comunicar de forma efectiva: No basta con saber; hay que saber explicar. Practica presentar tus ideas de manera clara y concisa a diferentes audiencias, tanto técnicas como no técnicas. Es una habilidad de oro.
5. Mantente al día con la legislación ambiental: Las normativas cambian constantemente. Suscríbete a boletines oficiales, revisa los portales de las administraciones públicas y consulta a expertos legales. Un buen conocimiento legal te ahorrará muchos dolores de cabeza y dinero.
Resumen de puntos clave
Para cerrar este post, quiero que os quedéis con la idea de que la ingeniería ambiental es mucho más que una profesión; es una vocación con un impacto tangible en el mundo. Hemos explorado la importancia de la experiencia práctica, que te curte y te enseña lo que ningún libro puede. También hemos visto cómo la tecnología, desde los sensores IoT hasta los drones y el software especializado, multiplica nuestras capacidades y nos permite ser más eficientes. La comunicación, la empatía y la habilidad para navegar la burocracia son tan cruciales como los conocimientos técnicos, porque al final, trabajamos con y para las personas. El camino hacia el Residuos Cero es desafiante, pero las soluciones innovadoras y un enfoque en la economía circular nos demuestran que es posible y rentable. Finalmente, las habilidades como el pensamiento crítico, la adaptabilidad y el aprendizaje continuo son el verdadero combustible para prosperar en este sector dinámico. Recordad, vuestro trabajo no solo tiene un valor económico, sino un propósito social y ambiental incalculable. ¡Es un privilegio formar parte de este cambio!
Preguntas Frecuentes (FAQ) 📖
P: ero nadie te prepara para lidiar con las emociones de una comunidad afectada por un problema ambiental, o para negociar con un gerente de empresa que solo ve números. Aprendí que, por más brillante que sea tu solución técnica, si no logras comunicarla, convencer a la gente y construir relaciones de confianza, tu proyecto tiene pocas posibilidades de éxito.
R: ecuerdo un proyecto de saneamiento donde la tecnología era puntera, pero la gente del pueblo no entendía por qué debían cambiar sus costumbres. Nos tocó sentarnos, tomar mate con ellos, escuchar sus historias, y ahí entendí que la ingeniería ambiental no es solo ciencia; es sociología, es psicología, es pura humanidad.
Es la clásica verdad que solo la vida te enseña: tu mejor herramienta no es un sensor o un software, sino tu capacidad de escuchar, empatizar y hablar con las personas.






